Una tumba olvidada, un segundo monumento que nadie había identificado hasta ahora y, bajo tierra, un diminuto colgante de amatista sin equivalente conocido en Irlanda. En Maree, en el condado de Galway, una campaña de excavaciones acaba de revelar un excepcional conjunto funerario neolítico. Los descubrimientos ofrecen una nueva mirada sobre los primeros agricultores que se asentaron en el oeste de la isla hace casi 6.000 años.
Un importante descubrimiento arqueológico en el condado de Galway
Dos tumbas neolíticas reunidas en un mismo yacimiento en Maree
El subsuelo irlandés aún tiene muchas historias que contar. En Prospecthill, en la región de Maree, unos arqueólogos de la Universidad de Galway han sacado a la luz dos monumentos funerarios que se remontan a comienzos del Neolítico.
El primero figuraba en los archivos, pero casi había desaparecido del paisaje. El segundo se encontraba justo al lado, sin haber sido registrado nunca como monumento funerario. Juntos forman una asociación extremadamente rara: una tumba con patio y una tumba de portal construidas a pocos metros de distancia.
Según el equipo científico, se trataría de la única combinación conocida en Irlanda que reúne estas dos categorías de tumbas megalíticas en un mismo yacimiento. Por tanto, el descubrimiento podría ayudar a los investigadores a comprender mejor las prácticas funerarias y las creencias de las primeras comunidades agrícolas establecidas en el oeste del país.
Las excavaciones están dirigidas por la doctora Michelle Comber y el doctor Noel McCarthy, ambos vinculados al departamento de arqueología de la Universidad de Galway. Se enmarcan en el proyecto de investigación Maree – Land Use Through Time, dedicado a la evolución de la ocupación humana y de los paisajes de la península de Maree.
Una tumba olvidada desde la década de 1960
Los arqueólogos han encontrado los cimientos de un monumento de 30 metros
La campaña de excavaciones tenía inicialmente como objetivo localizar una tumba con patio cuyas grandes piedras aún eran visibles hasta la década de 1960. Después fueron retiradas, haciendo que el monumento prácticamente desapareciera de la superficie.
Sin embargo, los arqueólogos disponían de información histórica que confirmaba su existencia. Al estudiar el terreno, pudieron encontrar los cimientos y precisar las dimensiones de esta tumba perdida.
El monumento mide aproximadamente 30 metros de largo, lo que lo convierte en una de las tumbas con patio más grandes descubiertas en Irlanda. Esta categoría de construcciones se reconoce por su espacio abierto, normalmente dispuesto delante de las cámaras funerarias. Este patio podía acoger reuniones y diferentes actividades ceremoniales.
Por tanto, estas construcciones no eran únicamente sepulturas. Probablemente constituían lugares de encuentro donde una comunidad mantenía un vínculo simbólico con sus muertos y sus antepasados.
La construcción de un monumento de este tamaño implicaba una considerable organización colectiva. Había que seleccionar y extraer las piedras, transportarlas, preparar el terreno y ensamblarlo todo sin maquinaria moderna. La obra demostraba tanto unas habilidades técnicas como una fuerte cohesión social.
Una segunda tumba desconocida aparece a pocos metros
Una losa de cubierta de 14 toneladas ocultaba un monumento funerario
La verdadera sorpresa apareció en las inmediaciones de la tumba con patio. Los investigadores identificaron los restos de una imponente tumba de portal que nunca había sido registrada como monumento funerario.
También llamadas dólmenes, las tumbas de portal están formadas por una cámara de piedra precedida por dos grandes piedras verticales que forman una entrada. Una pesada losa, llamada piedra de cubierta, descansa sobre estos soportes.
En Maree, esta losa mide casi cuatro metros de largo y aproximadamente un metro de grosor. Se estima que pesa 14 toneladas. Por impresionante que sea, hasta ahora la piedra no permitía comprender la naturaleza exacta de lo que se encontraba bajo su masa.
Las excavaciones han revelado que la tumba se construyó en una gran fosa excavada directamente en el sustrato rocoso. Esta configuración protegió parte de los depósitos funerarios más antiguos, ofreciendo a los arqueólogos una oportunidad poco común de estudiar los primeros usos del monumento.
La presencia conjunta de una tumba con patio y una tumba de portal plantea ahora numerosas preguntas. ¿Se construyeron ambos monumentos al mismo tiempo? ¿Estaban destinados a grupos diferentes? ¿Se utilizaron de forma sucesiva o simultánea? Los análisis deberán intentar establecer su cronología precisa.
Un colgante de amatista único en Irlanda
Un diminuto objeto en el centro de un descubrimiento monumental
Sin embargo, la pieza más espectacular de las excavaciones no es la losa de 14 toneladas. Cabe en la mano: se trata de un pequeño colgante de amatista encontrado en la tumba de portal.
Ya se han descubierto cuentas de cuarzo en varios monumentos megalíticos irlandeses. En cambio, según la Universidad de Galway, actualmente no se conocería en Irlanda ningún colgante de amatista comparable en una tumba de este tipo.
El objeto intriga tanto por su material como por su función. ¿Se llevaba como joya? ¿Tenía un valor simbólico? ¿Fue depositado junto a una persona en el momento de su enterramiento? Por ahora, los investigadores se abstienen de atribuirle un significado preciso.
Nuevos análisis podrían permitir comprender mejor su fabricación y, eventualmente, el origen de la piedra. En arqueología, un objeto tan discreto puede proporcionar a veces valiosas pistas sobre los intercambios, el desplazamiento de materiales y las prácticas sociales de una comunidad.
No obstante, el colgante no debe eclipsar los demás descubrimientos. En las tumbas también han salido a la luz herramientas de piedra, cerámica prehistórica y restos humanos incinerados.
¿Quién vivía en Galway hace casi 6.000 años?
Los primeros agricultores transformaron profundamente el paisaje
Los dos monumentos se remontan a comienzos del Neolítico, probablemente entre 3700 y 3500 antes de nuestra era. Este periodo corresponde a una transformación importante de la historia de Irlanda.
Las poblaciones presentes en la isla habían vivido durante mucho tiempo principalmente de la caza, la pesca y la recolección de recursos silvestres. La llegada de la agricultura provocó progresivamente la aparición de comunidades más sedentarias, capaces de cultivar la tierra, criar animales y ocupar un territorio de forma permanente.
Esta evolución no afectó únicamente a la alimentación. Modificó los paisajes, la organización de los grupos humanos y su relación con los muertos. Los monumentos megalíticos dan testimonio de sociedades capaces de coordinar importantes trabajos colectivos y de inscribir a sus antepasados en lugares visibles durante varias generaciones.
Las tumbas también podían servir como puntos de reunión. Algunas ceremonias implicaban restos humanos, trasladados, quemados o depositados en las cámaras. Estas prácticas no deben interpretarse únicamente desde nuestra concepción moderna del cementerio: la relación entre los vivos, los muertos y el territorio era probablemente mucho más estrecha.
Una tumba con patio y una tumba de portal: ¿cuál es la diferencia?
Dos arquitecturas funerarias del Neolítico irlandés
Una tumba con patio suele estar formada por un túmulo alargado que contiene una o varias cámaras funerarias. Delante de ellas, unas piedras dibujan un espacio abierto o semicerrado. Este patio podía acoger a la comunidad durante ceremonias y rituales.
Una tumba de portal presenta una forma más compacta. Dos piedras verticales marcan la entrada de la cámara y sostienen una imponente losa de cubierta. El dolmen de Poulnabrone, en el Burren, es uno de los ejemplos más famosos de Irlanda.
Estos monumentos pertenecen a la gran familia de las tumbas megalíticas irlandesas, junto con las tumbas de corredor y las tumbas en cuña. Su arquitectura, distribución y cronología difieren, aunque varias de ellas pudieron reutilizarse durante periodos muy largos.
En Prospecthill, la presencia de las dos arquitecturas en el mismo lugar podría revelar un uso especialmente complejo del paisaje funerario. Sin embargo, habrá que esperar a los resultados de las dataciones y los análisis antes de determinar con precisión la relación entre los monumentos.
¿Por qué es tan importante este descubrimiento?
Un yacimiento capaz de arrojar luz sobre los comienzos de la agricultura en Irlanda
Los investigadores no descubren todos los días depósitos funerarios neolíticos tan bien conservados. Muchos monumentos irlandeses han sufrido daños a lo largo de los siglos debido a la erosión, la recuperación de piedras, los trabajos agrícolas o las obras modernas.
En este caso, la fosa excavada en la roca bajo la tumba de portal contribuyó a proteger elementos asociados a las primeras fases de uso del monumento. Los restos óseos, los objetos y las diferentes capas del suelo podrán estudiarse conjuntamente, en su contexto original.
Esta conservación es esencial. Un objeto aislado proporciona información limitada. Situado en una capa documentada con precisión, cerca de restos óseos u otros objetos, puede ayudar a reconstruir una sucesión de acontecimientos.
Los análisis de los restos incinerados podrían proporcionar, en particular, información sobre el número de personas depositadas en la tumba, su edad o algunos aspectos de su tratamiento funerario. La datación por carbono 14 también debería permitir precisar los diferentes periodos de uso del yacimiento.
A largo plazo, el estudio podría contribuir a una cuestión más amplia: ¿cómo organizaban su territorio las primeras comunidades agrícolas del oeste de Irlanda y cómo mantenían la memoria de sus muertos?
Una excavación realizada con los habitantes de Maree
Arqueólogos, estudiantes y voluntarios reunidos en torno al proyecto
La investigación reúne a especialistas y estudiantes de la Universidad de Galway con voluntarios de la comunidad local. El terreno pertenece a la familia Burke, que acoge al equipo encargado de las excavaciones.
El proyecto también cuenta con el apoyo de la Royal Irish Academy. Los trabajos de prospección se llevaron a cabo con la colaboración del Discovery Programme, organismo nacional de investigación arqueológica respaldado por el Heritage Council.
Esta cooperación local desempeña un papel importante en el estudio del patrimonio irlandés. Muchos yacimientos arqueológicos se encuentran en terrenos privados y su conservación depende en gran medida del diálogo entre propietarios, investigadores, instituciones y habitantes.
Las grandes piedras de la tumba con patio fueron desplazadas en la década de 1960, pero la memoria del monumento no había desaparecido por completo. Varias décadas después, los archivos, los conocimientos locales y los métodos modernos permitieron encontrar lo que quedaba bajo tierra.
¿Se pueden visitar las tumbas neolíticas de Maree?
Un yacimiento de investigación situado en una propiedad privada
El descubrimiento no implica la apertura de un nuevo sitio turístico. Las tumbas de Prospecthill se encuentran en una propiedad privada y forman parte de un programa de excavaciones arqueológicas. No se ha anunciado ninguna apertura permanente al público.
Por tanto, es esencial no entrar en el terreno sin autorización ni intentar llegar directamente a la zona de excavación. La localización de un yacimiento arqueológico no otorga automáticamente derecho de acceso.
Los viajeros que deseen descubrir una tumba de portal accesible pueden dirigirse a Poulnabrone, en el Burren, en el condado de Clare. Este dolmen neolítico figura entre los monumentos prehistóricos más conocidos de Irlanda. También pueden verse otras tumbas megalíticas en Creevykeel, en el condado de Sligo, o en Brownshill, cerca de Carlow.
Por ahora, el yacimiento de Maree seguirá siendo un laboratorio al aire libre. La información más importante quizá ya no proceda de nuevas piedras espectaculares, sino de las dataciones, los análisis microscópicos y el estudio minucioso de los depósitos recogidos durante las excavaciones.
Galway revela una nueva página de la prehistoria irlandesa
Un descubrimiento que apenas comienza a desvelar sus secretos
En Prospecthill, lo monumental y lo infinitamente pequeño se responden. Una losa de 14 toneladas cuenta el esfuerzo colectivo necesario para construir una tumba. Un colgante de amatista evoca a un individuo, un gesto o una creencia cuyo significado aún se nos escapa.
Entre ambos se dibuja el retrato de una comunidad mucho más organizada de lo que podríamos imaginar. Estas mujeres y estos hombres cultivaban la tierra, trabajaban la piedra, dominaban la cerámica y construían monumentos destinados a atravesar generaciones.
Casi seis milenios después, sus tumbas resurgen en la campiña de Galway. Los primeros descubrimientos ya son destacables, pero los investigadores disponen ahora de meses, e incluso años, de trabajo para comprender lo que este yacimiento revela realmente sobre los primeros agricultores del oeste de Irlanda.



